
Doce días después de la intervención militar en Venezuela para capturar en Caracas al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, y también, de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, echara un jarro de agua fría sobre las esperanzas de la líder de la oposición y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, ambos se verán este jueves las caras en la Casa Blanca.
Trump recibe a Machado pocas horas después de que el día anterior declarara en un encuentro con la prensa que considera a la jerarca chavista Delcy Rodríguez una “persona estupenda”, y de añadir que Estados Unidos “trabaja muy bien con ella” desde que esta, vicepresidenta con Maduro, tomó los mandos de Venezuela con la bendición de la Casa Blanca.
En las horas siguientes al ataque por sorpresa que acabó con el líder chavista y su esposa sentados en el banquillo de un tribunal federal de Nueva York acusados de delitos de “conspiración narcoterrorista”, y para traficar con cocaína y armas, el presidente de Estados Unidos dejó claro que no considera a Machado como la persona idónea para liderar una transición en Venezuela en la que el propio Trump se ha reservado un papel central.
Y esa es la gran incógnita de la visita, que está previsto que incluya un almuerzo de trabajo a mediodía en la Casa Blanca (hora de Washington) y una visita por la tarde al Capitolio. ¿Logrará Machado hacer valer en el cara a cara el papel de la oposición en los planes de Washington de tutelar el país sudamericano y de hacerse cargo de su petróleo?
Desde entonces, la líder ha tratado de poner buena cara a esos desplantes y ha trabajado por propiciar la reunión de este jueves, en la que se juega mucho: necesita convencer al republicano de que no es una buena idea permitir a Rodríguez, su gran enemiga, seguir en el poder tras meses de que Machado abogara por una intervención militar que finalmente llegó el 3 de enero con la decepción de saber que no contaban con ella tanto como creía.
Esta se ha mostrado dispuesta hasta a compartir con Trump el Nobel de la Paz, que recogió el pasado diciembre en Oslo. El presidente de Estados Unidos vive obsesionado con la idea de que se merece ese galardón, porque considera que ha acabado con “ocho o nueve guerras”, aunque esa consideración sea otra prueba de su conflictiva relación con la verdad. La incógnita de si la invitada agasajará con ese premio al anfitrión, que rara vez la llama por su nombre cuando habla de ella, es otra de las grandes incógnitas de la visita.
Trump ha declarado que cuenta con que la política opositora venezolana le ofrezca su galardón. También, que planea aceptarlo, pese a que el Comité Nobel ya ha advertido a ambos de que no es transferible.
La decisión de Trump de relegar a Machado da la idea de que la Casa Blanca ha optado por pasar la página de los resultados electorales de las presidenciales venezolanas de 2024, que según informes internacionales ganó ampliamente Edmundo González Urrutia, candidato de Machado (que no se pudo presentar porque estaba inhabilitada). Maduro se negó a reconocer esa derrota.
A estas alturas, no está claro si Estados Unidos cuenta con convocar una nueva cita con las urnas, ni cuándo o cómo podría tener lugar. Todas esas preguntas estarán a buen seguro sobre la mesa este jueves en la Casa Blanca.
