El 5 de noviembre tiene una simbología especial y agridulce para Donald Trump. Es el día que ganó las elecciones presidenciales en 2024 con una mayoría holgada. Fue el día que se le abrieron las puertas para regresar a la Casa Blanca para un segundo mandato y completar su polémica agenda política. El 5 de noviembre es también el día del año pasado en que el socialista demócrata Zohran Mamdani ganó casi contra todo pronóstico las elecciones a la alcaldía de Nueva York. Ese día, los demócratas vencieron en los comicios celebrados para determinar el gobernador en Virginia y Nueva Jersey. Ese día, se produjo un vuelco azul y evidenció que Trump había perdido buena parte del crédito logrado hace solo un año.
Para recuperar el terreno perdido, el magnate neoyorquino ha pulsado la cuenta atrás para las elecciones de mitad de mandato, en las que se renovarán los 435 asientos del Congreso y 33 de los 100 escaños del Senado. El mismo día se eligen a 34 de los 50 gobernadores que dirigen los Estados del país. Este martes ha celebrado un retiro para legisladores republicanos de la Cámara de Representantes en centro de artes escénicas Kennedy Center de Washington para motivar a los suyos de cara a las próximas elecciones que se celebrarán en noviembre de este año. En aquel edificio, al que le ha añadido su apellido, ha conminado a los congresistas republicanos a ganar. “Tenemos que ganar las de mitad de mandato porque si no ganamos… Encontrarán una excusa para destituirme. Me van a destituir.”
Trump teme que los demócratas logren hacerse con la Cámara de Representantes, cómo sugieren las encuestas actuales. En ese caso, no olvida el impeachment (juicio político) al que le sometieron en 2019, al final de su primer mandato, cuando perdió el control del Congreso. Entonces, los demócratas lo investigaron por presionar a Ucrania para investigar a Joe Biden y a su hijo amenazando con retirar ayuda militar si no le apoyaban.
La valoración del presidente estadounidense ha caído en picado tras un primer año de decisiones controvertidas, según las encuestas. Seis de cada diez estadounidenses desaprueban la gestión de Trump, de acuerdo con el último sondeo de la cadena CNN. Los aranceles generalizados, que han elevado los precios para el bolsillo de las familias; las redadas indiscriminadas de inmigrantes sin papeles; el despliegue de la Guardia Nacional en las ciudades demócratas; los recortes draconianos de programas gubernamentales; la reciente operación militar en Venezuela; y unos excesos verbales, con amenazas e insultos a sus contrincantes políticos, constituyen un amargo cóctel que el electorado medio estadounidense no termina de digerir, según los sondeos.
Aun así, el presidente trata de vender como éxito su gestión económica, esgrimiendo los aranceles como un instrumento para dominar a sus socios y presumiendo de la intervención militar en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, mientras mantiene al mismo régimen chavista.
Los miembros del partido republicano aplaudieron la intervención de Trump. Junto al presidente estaban sus hombres de confianza en el Capitolio, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, sentado en una mesa con carteles en los que se leía: “Seis razones por las que ganaremos las elecciones de mitad de mandato”.
El presidente está preocupado por el resultado de esas elecciones. Ha intentado redibujar el mapa electoral en varios Estados para tener un resultado más favorable, una estrategia conocida como gerrymandering, pero los demócratas le han dado a probar la misma medicina en California, donde gozan de una cómoda mayoría. Trump insistió en la necesidad de su partido de ganar esos comicios y recordó algunos de los supuestos éxitos de su mandato: “No podemos dejar que olviden que hicimos un trabajo excelente en la frontera”.
Trump ha lanzado una cruzada antiinmigrante durante su primer año en esta segunda oportunidad en La Casa Blanca. Ha realizado deportaciones masivas, con más de 600.000 personas expulsadas del país; ha ordenado al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) hacer redadas indiscriminadas contra inmigrantes sin papeles. Ha endurecido la concesión de visados y ha suprimido acuerdos para refugiados.
El presidente republicano insistió en una medida que lleva tiempo reclamando: la identificación de votantes durante la jornada electoral. Esta reclamación busca arrojar dudas sobre la limpieza del sistema electoral, según los demócratas, que recuerdan que en las últimas décadas apenas han aflorado casos de fraude por esta práctica. Obligar a la identificación de los electores en Estados Unidos, un país que no tiene un DNI oficial (el carnet de conducir o el pasaporte hacen esa función y no todo el mundo lo tiene) afectaría a las personas con menos recursos, minorías, personas sin vivienda estable y personas mayores, que normalmente suelen votar contra los republicanos: “Queremos identificación del votante. La única razón por la que alguien no quiere eso es porque quiere engañar”, reclama Trump. El promotor inmobiliario reconvertido a político, que nunca reconoció su derrota contra Joe Biden en 2020, abundó en sus dudas sobre el proceso electoral: “Nuestras elecciones son muy complejas y puedes ganar pese a que no haya identificación de votantes. Pero es un asunto que enfada mucho a la gente y pidiendo este sistema de reconocimiento de los electores ganas todos los debates”.
