La madrugada de este sábado, 3 de enero, el cielo ha tronado sobre Caracas con múltiples explosiones que han roto el silencio posterior a las fiestas navideñas. La capital de Venezuela, donde viven 3,5 millones de personas, ha amanecido paralizada y con las calles semivacías, en medio de la incertidumbre tras el ataque estadounidense que ha culminado con la captura del líder chavista, Nicolás Maduro.
Las declaraciones de Donald Trump sobre la operación y, sobre todo, la ausencia de información del Gobierno venezolano durante las horas siguientes a las explosiones, ha empujado a la gente a prepararse para un panorama desconocido. El republicano ha dicho que están preparados “para dirigir el país mientras se llega a una transición segura”, sin dar más detalles.
La gente se agolpaba el sábado en largas filas en los pocos negocios abiertos para comprar provisiones. En varios supermercados se han agotado los bidones de agua y las toallas sanitarias y muchos estantes lucen arrasados. “Esta es la cola más feliz, pero no podemos celebrarlo”, comenta una mujer que se quedó sin electricidad con la primera explosión, que no se atreve a imaginar cómo serán los próximos días. “Por ahora espero que regrese la luz”, agrega a sus compañeros de una fila que transcurre entre conversaciones cotidianas y el balance de la peregrinación por otros negocios en busca de víveres.
La fotografía de Nicolás Maduro esposado y cubierto en sus ojos y oídos ha corrido por redes sociales, pero parece haber consenso en que es mejor ni comentarla. Hay, en cambio, inquietud por lo dicho por Trump sobre el papel de la referente opositora María Corina Machado en una transición esperada desde 2024, luego de las presidenciales en las que la oposición logró demostrar que ganó, pese a que Maduro se quedó en el cargo.
Desde hace meses, los venezolanos intentaban no pensar en el ataque militar por tierra que el presidente Trump prácticamente anticipaba cada día. La operación de esta madrugada estuvo precedida por una intensa campaña de presión de cuatro meses que incluyó bombardeos contra supuestas narcolanchas —con más de un centenar de víctimas mortales—, sobrevuelo de aviones de combate y un ataque que pasó casi inadvertido en los últimos días de diciembre contra un muelle usado para traficar con drogas. Pero lo ocurrido este sábado ha sido totalmente distinto. Durante dos horas, por primera vez, varias localidades de Venezuela, incluida la capital, fueron bombardeadas.
Los venezolanos lo han vivido sin entender bien lo que estaba ocurriendo hasta que los grupos de WhatsApp han comenzado a hablar de destellos de fuego, incendios y columnas de humo. Los vídeos difundidos por internautas mostraban incendios en el puerto de La Guaira, a 30 kilómetros de Caracas, caída de misiles en esa ciudad costera y unos edificios residenciales con las paredes destruidas por el ataque.
“En el edificio 12 murió una señora, cuando llegó al hospital no podía respirar. El bloque [edificio] quedó lleno de huequitos de la explosión. Quedó destruido”, aseguraba en redes sociales una vecina del litoral central.
En Caracas apenas se ven personas por las calles, y tampoco hay servicio de transporte público en las zonas populares. Los ciudadanos se mantienen en sus casas pese a que, aún de madrugada, el Gobierno hizo un llamamiento a salir a la calle y activar el sistema de defensa, basado en la llamada unión popular, policial y militar. En sectores como el conocido como 23 de enero, una parroquia cercana al palacio presidencial de Miraflores que concentró algunos de los ataques, los colectivos armados aliados del chavismo hacen rondas, según cuentan algunos vecinos.
“Oí la primera explosión y cuando abro la puerta volaron los aviones que había ahí”, ha escrito en redes un hombre de la zona de Higuerote, a 120 kilómetros al este de Caracas, en el Estado de Miranda, donde el ataque se dirigió contra un aeropuerto.
“Fuerte Tiuna está explotando”, se oye a un joven en otra grabación también difundida en redes, que muestra el paso de una decena de helicópteros militares volando bajo sobre Caracas. En esta base militar, el principal complejo de las Fuerzas Armadas, se produjo el mayor número de detonaciones, a las que siguió una espesa nube gris que se apreciaba desde lejos.
En esa instalación está la sede del Ministerio de Defensa y también tienen una residencia Maduro y otros altos cargos. El chavismo ha construido en el recinto castrense edificaciones para oficiales y civiles, que fueron evacuados durante la madrugada.
Hora y media después de los ataques, el Gobierno ordenó la activación de un estado de emergencia que no se sabe bien en qué consiste. Ha llamado a sus seguidores a salir a la calle y activar “la lucha armada”, pero lo que ha reinado es el silencio, justo después de que cesaron los sobrevuelos y las explosiones. El temor y la incertidumbre del despliegue que pueda hacer el chavismo de los cuerpos de inteligencia y de sus grupos de choque se mantiene, aunque a más de 15 horas de los ataques aéreos y la captura no había señales de ello.
