
Primer gran revés para Donald Trump en su intervención en Venezuela. El Senado de Estados Unidos ha aprobado este jueves votar una resolución que prohíbe al presidente estadounidense autorizar nuevas acciones militares en el país sudamericano, por 52 votos contra 47, en lo que representa la primera señal firme de descontento entre las filas republicanas tradicionales sobre la operación que secuestró a Nicolás Maduro. Cinco senadores republicanos se alinearon con el grupo demócrata para sacar adelante una medida que había fracasado en dos votaciones previas antes de la intervención.
Aunque el voto de este jueves en la Cámara Alta era únicamente de procedimiento, el resultado sí apunta a que la resolución quedará aprobada una vez que se presente en el pleno del Senado. La medida, conocida como Resolución sobre Poderes de Guerra, solo requiere una mayoría simple, 51 votos, para quedar aprobada.
Se espera que el Senado la someta a debate y la vote la semana próxima. De aprobarse, pasaría a la Cámara de Representantes, donde los republicanos cuentan con una mayoría de apenas cinco diputados, de un total de 435. Aunque probablemente allí terminaría su recorrido: para convertirse en ley, Trump tendría que firmarla, y una airada reacción en redes sociales inmediatamente después de que se conociera el resultado de la votación deja claro que no piensa hacerlo.
La resolución especifica que la Administración de Trump tendrá que dirigirse primero al Congreso para recibir autorización antes de poder dar luz verde a cualquier operación militar en territorio de Venezuela. La Constitución estadounidense estipula que la Casa Blanca debe pedir permiso al poder legislativo antes de emprender cualquier acto de guerra, pero en este caso el Gobierno no advirtió al Capitolio con anterioridad porque considera que la acción es de naturaleza policial.
La omisión había causado un fuerte malestar entre al menos parte de los senadores, que alegaban que el secretario de Estado, Marco Rubio, se había comprometido a que habría un aviso al Congreso si finalmente el Gobierno decidía un ataque militar en Venezuela. Ese malestar se había visto acrecentado a medida que la Administración de Trump ha venido lanzando mensajes cada vez más envalentonados sobre la supremacía de Estados Unidos en el continente americano, sobre la intención de tutelar Venezuela y controlar su petróleo durante años, sobre una posible segunda operación si los nuevos líderes no acatan las directrices de Washington y sobre el deseo de anexionar Groenlandia, incluso por la fuerza.
La medida había sido presentada en la Cámara Alta, dominada por los republicanos, por el senador republicano Rand Paul y el demócrata Tim Kaine. Los senadores Rand Paul, Lisa Murkowski, Todd Young, Susan Collins y Josh Hawley se sumaron al grupo demócrata para aprobar la resolución.
Al explicar su voto, Collins ha aludido a su desacuerdo con el plan de Trump para gestionar Venezuela durante tiempo indefinido. Young ha apuntado que quiere reafirmar el papel que la Constitución otorga al Congreso como el poder que decide sobre actos de guerra. También pretende obligar al presidente a cumplir su promesa de campaña electoral por la que se comprometió a que el país no volvería a implicarse en el tipo de conflictos eternos y sin un objetivo claro que empantanaron a las fuerzas estadounidenses y dejaron miles de bajas en Irak y en Afganistán.
La rebelión del grupo de republicanos, todos ellos del ala tradicional del partido, ha desatado de inmediato la ira de Trump. En un mensaje en su red social, Truth, el presidente ha sostenido que los republicanos deberían “avergonzarse” de los senadores que se han alineado con los demócratas para “intentar quitarnos nuestros poderes para combatir y defender a los Estados Unidos de América”.
El presidente arremete contra los cinco legisladores para opinar que ninguno de ellos “debería volver a ser reelegido nunca jamás para ningún cargo público”. Ese voto, opina, “perjudica gravemente la autodefensa estadounidense y la seguridad nacional, limitando la autoridad del presidente como comandante en jefe de las fuerzas armadas”. Asimismo declara que la resolución es “inconstitucional” y viola el artículo II de la Constitución sobre los poderes presidenciales.
El resultado de la votación contradice la narrativa que han difundido Trump y la Casa Blanca sobre la acogida de la operación en Venezuela entre los republicanos y el público en general. El presidente está pletórico tras una operación que él mismo ha reconocido que pensaba que tendría que repetir y que corría el riesgo de acabar en fiasco como el rescate de los rehenes en la embajada de Estados Unidos en Irán que condenó la reelección de Jimmy Carter en 1980. En el retiro anual de los republicanos se ufanaba de la “brillantez” del ataque. También ha asegurado que los votantes están “encantados” con la captura de Maduro.
“A MAGA le encanta lo que estoy haciendo. A MAGA le encanta todo lo que hago”, presumía Trump sobre el movimiento que agrupa a sus simpatizantes de la derecha más conservadora, en una entrevista emitida a comienzos de esta semana por la cadena de televisión NBC.
Sobre el terreno, a simple vista parecía tener razón. En las horas inmediatas al ataque, apenas un puñado de voces desde la derecha expresaron sus dudas sobre la operación, y todas entraban dentro de lo previsible. Como la a excongresista Marjorie Taylor-Greene, que el lunes entregó su acta de diputada y rompió con el mandatario hace dos meses por desacuerdos sobre la política económica y sobre los archivos del caso en torno al financiero pederasta Jeffrey Epstein.
“El asco de los estadounidenses con la agresión militar interminable y el apoyo a guerras extranjeras de nuestros Gobiernos estaba justificado porque nos vimos obligados a pagarlo, y ambos partidos, demócrata y republicano, siempre han mantenido bien alimentada la maquinaria militar de Washington. Acabar con eso es lo que muchos en MAGA pensaron que votaban. Sí que estábamos equivocados”, escribió Taylor-Greene en la red social X.
Esa ausencia de críticas, según escribe Amy Walter, de la consultora política Cook Report, se debe en parte a que “el movimiento MAGA no se centra en cuestiones ideológicas o políticas. En su lugar, está definida por las decisiones y los deseos del presidente”. Además, sus partidarios se ven atraídos hacia el antiguo magnate inmobiliario en parte porque se le percibe como un líder fuerte, dispuesto a tomar decisiones arriesgadas. El ataque en Venezuela refuerza esa imagen.
Una nueva encuesta de Reuters-Ipsos encuentra que solo un 6% de los republicanos se opone a la acción militar de Trump para secuestrar a Maduro, mientras el 65% de estos votantes reclama un papel aún más firme para Estados Unidos en Venezuela. Otro sondeo que publica el periódico The Washington Post encuentra que el 74% de los republicanos respalda la intervención, frente a un 10% que la rechaza.
