
Era la noche de Año Nuevo y la música todavía sonaba cuando el techo de la planta baja del local empezó a arder. La gente empezó a grabar con los teléfonos móviles hasta que alguien gritó: “Esto se incendia, hay que salir rápido”. Después llegaron los gritos, otros distintos a los de minutos antes y que ya no fueron registrados por las cámaras. Y el caos. Los bomberos recibieron la alerta por incendio a la 1.30 de la madrugada. Llegaron rápido, pero ya era tarde.
Han pasado cinco días de esa terrorífica escena, la del devastador incendio de Nochevieja que dejó 40 muertos y 119 heridos en el bar Le Constellation, en la estación suiza de Crans-Montana. Este pintoresco pueblo de los Alpes donde van a esquiar muchos turistas con poder adquisitivo afronta el duelo de una de las mayores tragedias que ha vivido el país mientras busca respuestas e intenta poner nombres y apellidos a sus muertos.
Las autoridades suizas anunciaron este domingo que había concluido la identificación de todos los cuerpos. Del total, la mitad eran menores. Las más jóvenes son dos víctimas de 14 años y el resto tenía entre 15 y 17 años. El bar Le Constellation era conocido porque lo frecuentaba mucha gente que no había cumplido aún los 18 años. Por nacionalidades, 22 son suizos y el resto extranjeros: hay seis italianos, ocho franceses, un portugués, un belga, un rumano y un turco. Tres tenían doble nacionalidad.
Entre los ya identificados está un amigo de Fabien M., vecino de la zona. El fallecido era el único agente de seguridad que se encontraba en el local siniestrado aquella noche: “Trabajaba para garantizar la seguridad de esos chicos, así que entró para ayudar a salir a los chavales cuando empezó el incendio. Perdió la vida intentando sacarlos”, cuenta a este periódico, entre lágrimas.
Sobre las causas del drama hay muchos interrogantes por resolver. En las comparecencias oficiales de estos días, las autoridades han dado datos con cuentagotas. Lo que sí se sabe es que el fuego se originó por una bengala colocada en una botella de champán, que tocó el techo, recubierto por un material que permite aislar el ruido, pero que es altamente inflamable. Ocurrió en la planta baja del local y el fuego se expandió rápidamente, tal y como se aprecia en los vídeos grabados por los testigos.
Cuando se dieron cuenta de la gravedad del siniestro, intentaron escapar por la vía de salida más visible: una estrecha escalera que da acceso a la planta superior. En ese punto se creó el pánico. El local contaba con una puerta de emergencia, pero la gente trató de salir por las escaleras. La fiscal confirmó que esta vía de salida existía, pero nadie ha explicado por qué no se utilizó.
Las declaraciones de los testigos apuntan a que la seguridad del bar tenía deficiencias. Lo describen como un lugar angosto. Lo hace Samuel M., francés de 17 años. “La escalera que da acceso al primer piso y por la que trató de salir la gente es muy estrecha, de apenas unos dos metros”, explica, comparándola con el ancho de dos sillas.
Samuel salió del local cinco minutos antes del incendio para acompañar a un amigo suyo que estaba ebrio y se encontraba mal, así que ambos lo vieron todo desde fuera. Dentro se quedaron el resto de algunos de sus amigos de toda la vida, pues él ha pasado siempre sus vacaciones allí. Algunos están heridos y otros desaparecidos aún, como el DJ que pinchaba ese día, del que no tiene noticias.
“He vuelto aquí a rezar hoy porque creo que a pesar de todo hay que seguir adelante, tenemos que hacerlo por ellos y sus familias”, cuenta sereno, sentado en una silla en la terraza del local que hay frente al bar, donde se acumulan las flores y velas encendidas que ha ido dejando la gente.
Nestor F., estudiante francés de 17 años, es uno de los testigos interrogados por la policía para ayudar a esclarecer los hechos. Su relato también arroja dudas sobre si el bar estaba equipado en la prevención de incendios. El fuego le pilló en la puerta. Fue uno de los civiles que asistió a los heridos y llamó a algunos de sus padres. Conoce perfectamente la disposición de Le Constellation porque lo frecuenta desde hace tiempo y cuenta que otro amigo y él tuvieron que romper uno de los cristales “para que la gente pudiera salir”.
“La escalera de acceso al piso de arriba es tan estrecha que hizo embudo. En la planta baja, la gente que estaban en los baños y en la sala para fumar, cuando quisieron darse cuenta de lo que pasaba, ya tenía muy pocas posibilidades de salir”, relata el chico, que muestra un par de vídeos que grabó desde fuera, cuando se produjo la explosión.
Los tiene la policía y es una de las pruebas que servirá en la investigación. La causa penal abierta contra los dos dueños del bar permitirá resolver dudas: si había extintores a mano y por qué la vía de evacuación que había no se utilizó a tiempo. También si el material inflamable que recubría el techo, lo que originó el desastre, cumplía con la normativa.
No ha trascendido cuánta gente había dentro del local, con una capacidad para 300 personas en el interior, ni cuántos estaban en la planta baja, donde la mayoría quedó atrapada cuando se produjo la explosión.
Los propietarios del bar, Jacques y Jessica Moretti, una pareja de franceses que vive en esta estación de esquí desde hace tiempo, están acusados de “homicidio por negligencia e incendio por negligencia”. Abrieron Le Constellation en 2015, tras unos trabajos de renovación que duraron meses. En la página del bar que en su día abrieron en Facebook fueron documentando con fotos el estado de las obras, en las que ve claramente, por ejemplo, cómo se coloca el recubrimiento del techo. Tienen otros dos locales en la zona. Hay silencio cuando se pregunta sobre ellos entre los jóvenes que iban al bar o a los propietarios de otros bares en la zona: nadie los conocía o no saben mucho más que lo que ha contado la prensa.
El próximo día 9 se celebrará el día de duelo nacional en todo el país, pero ya el domingo se celebró una misa multitudinaria en la iglesia de Crans-Montana en homenaje a las víctimas. La capilla se llenó, así que se colocaron altavoces en el exterior para que la pudieran seguir el más de un millar de personas presentes. Después, todos marcharon en silencio para congregarse frente al bar siniestrado. Uno de los párrocos del pueblo dijo unas palabras con la voz quebrada. Estaban presentes los equipos de rescate, policías y bomberos que estuvieron aquella noche y también muchos chicos jóvenes, con vendajes o muletas, que se abrazaban llorando a sus familias. Los supervivientes.
