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RADIO AZTECA DIHITALL > Blog > Noticias > Mark Carney, un insospechado líder para plantar cara al trumpismo | Internacional
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Mark Carney, un insospechado líder para plantar cara al trumpismo | Internacional

Última actualización: enero 25, 2026 6:23 am
RadioAztecaDihitall
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Cuando todo el mundo buscaba en Europa una voz que pusiera freno a Donald Trump, ha sido un canadiense con aspecto de jubilado satisfecho quien le ha plantado cara. Mark Carney, el primer ministro de Canadá, ha pronunciado esta semana, en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), uno de los discursos más inspiradores y elocuentes que se recuerdan en esa plaza. Ante la élite política y empresarial del planeta, el político, de 60 años, constató “la ruptura del orden mundial” y el comienzo “de una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite”. “Permítanme ser directo: nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”, dijo, sin citar expresamente a Trump.

Tampoco fue necesario. La víspera de ese discurso, el presidente estadounidense había redoblado sus amenazas a Europa y ratificado sus intenciones de anexionarse Groenlandia. Carney animó a los países medianos, que se arriesgan a ser subyugados por las grandes potencias, como Estados Unidos o China, a forjar alianzas. “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú”, dijo.

Numerosos asistentes, líderes mundiales y ejecutivos de primer orden, se pusieron de pie, de forma inusual en este tipo de foros, para aplaudir y celebrar el discurso de Carney, un texto de 2.324 palabras escrito íntegramente por él mismo, según desvelan con orgullo los medios canadienses.

Aunque no lo citó explícitamente, su mensaje aludía a Trump, con el que sorprendentemente mantiene una relación cordial. El magnate republicano alabó, a su manera, al primer ministro canadiense en octubre, cuando este visitó la Casa Blanca: “Es un buen hombre, pero puede ser muy desagradable (cuando negocia). Es un líder de talla mundial. Hace un gran trabajo y es un negociador tenaz”.

Desde su intervención en Davos, el estatus internacional de Carney ha subido varios quilates. El premio Nobel de Economía Paul Krugman escribe en su blog que el discurso del canadiense “fue valiente”. Y añade: “Canadá se encuentra justo al lado de Estados Unidos, cuya economía es 12 veces mayor. La naturaleza quiere que Canadá y Estados Unidos estén estrechamente entrelazados. Y por esta razón, Canadá está posiblemente más expuesto a las consecuencias de la ira trumpiana que cualquier otra nación”.

Las consecuencias no se han hecho esperar. Este sábado Trump amenazó a Canadá con aranceles del 100% si firma un acuerdo comercial com China. “Si el gobernador Carney cree que va a convertir a Canadá en un puerto de entrada para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado. China se tragará a Canadá por completo, la devorará sin piedad, destruyendo sus negocios, su tejido social y su estilo de vida”, escribió el mandatario de EE UU en su red social.

El primer ministro de Canadá se convirtió en líder de su país de la forma más imprevisible y en apenas unos meses. Hace tan solo un año y medio apenas pensaba en la política. El Gobierno de Justin Trudeau sumaba enfrentamientos con sus aliados y su popularidad estaba en caída libre. Los conservadores le sacaban casi 20 puntos. Pero una crisis política, que acabó con la renuncia de Trudeau en enero de 2025, propició el ascenso fulgurante de Carney, quien asumió el cargo de primer ministro interino tras ser elegido líder del partido liberal en marzo.

Carney convocó elecciones para el 29 de abril, centró a su partido y, durante la campaña, aseguró ser el líder que su país necesitaba para hacer frente a los embates de la Administración de Trump —que llevaba desde enero amenazando con convertir Canadá en el Estado 51 de los Estados Unidos—, subrayando su experiencia económica como exgobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra.

Nacido en Fort Smith en 1965, un pequeño pueblo de poco más de 2.000 habitantes en los Territorios del Noroeste de Canadá, Carney es hijo de una pareja de profesores. Siempre se le dieron bien los estudios. Obtuvo una beca para cursar Economía y Finanzas en la Universidad estadounidense de Harvard, donde desarrolló su afición por el hockey sobre hielo, el deporte más popular de su país. Jugó de portero en el equipo local.

Años más tarde viajó a Reino Unido para doctorarse en Economía en Oxford. Uno de sus profesores, admirado por la perspicacia de uno de sus trabajos, decidió fotocopiarlo y guardarlo para presumir de él en el futuro, cuenta el diario británico The Guardian. Su currículo ya era brillante. Comenzó a trabajar en el banco de inversión Goldman Sachs, donde estuvo 13 años viajando por las grandes capitales financieras del mundo, lo que le confirió una visión global. Quienes le conocen aseguran que tiene un lema que repite: “Aprender, ganar y servir”.

En 2003 su vida dio un giro: abandonó la banca privada para pasar al otro lado de la valla, el sector público. Comenzó a trabajar en el Banco de Canadá, donde tenía que supervisar a las entidades financieras. Cuatro años después, tras haber pasado un tiempo como asesor del ministro de Finanzas, se convirtió en gobernador. Allí recuerdan su estilo de liderazgo, implacable, pero de los que se saltan las jerarquías.

El primer ministro canadiense, el pasado 18 de enero, durante un viaje oficial a Doha (Qatar). Sean Kilpatrick (AP)

El discurso de Carney en Davos no es un hito casual. Es un gran comunicador, acostumbrado a desenvolverse en grandes crisis. Afrontó la Gran Recesión financiera de 2008 como jefe del Banco de Canadá. Sus acciones y sus discursos a la nación evitaron que su país sufriera consecuencias más graves como las que golpearon a Europa hasta la llegada de Mario Draghi.

Años más tarde se enteró, a través de un anuncio en el semanario británico The Economist, de que el Banco de Inglaterra buscaba una persona para dirigir la institución. Unas semanas más tarde se convirtió en el primer gobernador extranjero de la Vieja Dama de Threadneedle Street, como se conoce popularmente a la institución. Allí se enfrentó al referéndum de independencia de Escocia y al Brexit.

En ambos casos pronunció audaces discursos en los que advirtió de las negativas consecuencias económicas de esas decisiones. Tras la votación para abandonar la UE, compareció ante los medios para lanzar un mensaje de tranquilidad, asegurando que protegería la libra ante el pánico de los mercados.

“El discurso de Mark Carney en Davos fue de lejos la reacción más contundente que hemos visto hasta ahora de cualquier jefe de gobierno a la crisis desatada en las relaciones internacionales de Occidente por la agresión de la presidencia de Trump”, señala el historiador económico Adam Tooze.

Pragmatismo

Carney es brillante, pero también es pragmático y posibilista. Aunque trabajó como enviado especial de la ONU para la Acción Climática, cuando se convirtió en primer ministro de Canadá retiró el impuesto sobre las emisiones.

Canadá ha intentado alcanzar un acuerdo con Washington en los últimos meses para terminar con la guerra arancelaria. Para ello, Carney ha empleado un tono más conciliador que el de Trudeau. De hecho, su Gobierno suspendió casi todos los gravámenes aprobados para responder a la ofensiva comercial de Trump; también eliminó el impuesto a las grandes tecnológicas. Pese a ese intento de apaciguamiento —una vía que luego él mismo criticó en Davos—, Canadá es el único miembro del G-7 que aún no ha logrado un acuerdo comercial con Estados Unidos.

Paul Wells, analista político canadiense, reflexiona sobre el discurso de Carney: “Creo que está empezando a reconocer los límites del apaciguamiento. Dice que el regreso de la política de las grandes potencias, con Rusia, China y Estados Unidos haciendo lo que les da la gana, es una burla a cualquier afirmación de que vivimos en un orden internacional basado en normas. Y que persistir en esa ficción está dando resultados cada vez menores. Creo que fue una buena manera de analizar”, señala este experto en una entrevista a la radio canadiense.

“Las relaciones con Estados Unidos no volverán a ser las mismas”, repite Carney con frecuencia. Aunque no logra avanzar en las negociaciones con EE UU, sí ha puesto en marcha distintas medidas para tratar de incentivar la economía nacional y reducir la dependencia al vecino del sur. Carney ha reducido considerablemente las barreras comerciales interprovinciales, ha hecho hincapié en convertir Canadá en un líder en la producción de energía y ha impulsado un proyecto para simplificar la construcción de grandes infraestructuras.

“Su enfoque puede calificarse a menudo de centroderecha”, explica Daniel Béland, director del Instituto para el Estudio de Canadá de la Universidad McGill. “Habla de pragmatismo, pero proviene del mundo financiero y su discurso no es en absoluto progresista como el de Justin Trudeau. A diferencia de este último, también hace hincapié en las cuestiones económicas más que en las sociales. Es un tecnócrata economista de corazón”, añade este profesor de ciencia política.

Durante sus primeros meses como jefe del Ejecutivo canadiense, Carney ha mantenido una intensa agenda internacional, viajando con frecuencia a Europa y Asia y tratando de intensificar los vínculos diplomáticos con otros países. Pocos días antes de su famoso discurso viajó a China para firmar un acuerdo por el que se reducen los aranceles a unos 50.000 coches eléctricos de empresas chinas a cambio de contraprestaciones comerciales.

El primer ministro canadiense con el presidente chino, Xi Jinping, el pasado 16 de enero en Pekín. Sean Kilpatrick (via REUTERS)

“Es un tecnócrata serio que conoce bien los temas. Es más frío, pero también más eficaz que Trudeau, quien a menudo tenía dificultades para explicar las políticas de su Gobierno, aunque también tenía más carisma”, apunta Béland.

Un día después de que Mark Carney hablara en Davos, Trump declaró en el mismo foro que Canadá “vive gracias a Estados Unidos”. El pasado jueves, en una reunión de su consejo de ministros en Quebec, el primer ministro tomó nuevamente la palabra para dirigir un mensaje a sus ciudadanos. “Canadá no existe gracias a Estados Unidos. Canadá prospera porque somos canadienses. Somos dueños de nuestro país, es nuestro país, es nuestro futuro”, dijo. Y abogó por la unidad canadiense ante las amenazas externas.

El nivel de popularidad de Carney se ha mantenido en estos meses (era del 56% en diciembre). Pero también ha sido blanco de críticas. Algunos sectores afirman que buena parte de sus medidas se alejan del ideario liberal, al poner énfasis en proyectos que están descuidando asuntos medioambientales y relaciones con las comunidades indígenas, así como una agenda internacional que podría pasar por alto temas como el respeto a los derechos humanos. Por su parte, los conservadores sostienen que Carney no ha logrado mejoras en los bolsillos de los canadienses y no ha cumplido su promesa de firmar un acuerdo con Washington para dar fin a la guerra comercial.

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