El Foro de Davos es esta semana el escenario principal de la gravísima crisis geopolítica que sacude el mundo, con potencias desatadas en la afirmación de sus intereses por encima de normas y principios morales y agudos temores de que la espiral de confrontación se acelere. En este contexto ha llegado a Davos este miércoles el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que dará un esperadísimo discurso y tiene previstas posteriores reuniones para abordar la cuestión de Groenlandia.
El día anterior, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, había encabezado la resistencia frente a la embestida trumpista, con un discurso de altura moral y geopolítica. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, también fue explícito en el rechazo a las maniobras estadounidenses. También intervino la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que mostró el rechazo a las ambiciones anexionistas de EE UU sobre Groenlandia y a la amenaza de nuevos aranceles a países europeos que defienden su soberanía, pero con un tono menos contundente.
Precisamente Von der Leyen, así como Mark Rutte, secretario general de la OTAN, se perfilan como protagonistas de los intentos diplomáticos de desactivar la crisis relacionada con Groenlandia, una que proyecta sus repercusiones a lo largo y ancho del tablero geopolítico, por ejemplo sobre Ucrania. Kiev ve ahora peligrar definitivamente el precario apoyo estadounidense que había seguido vivo gracias a la intensa actividad diplomática y a las muchas concesiones europeas a Trump.
La crisis también se proyecta sobre la dramática situación de la Franja de Gaza, con un Trump determinado a configurar un Panel de la Paz en el cual muchos antiguos aliados occidentales no quieren participar por los rasgos de su conformación y también por el devenir cada vez más avasallador de la política exterior trumpista.
